Camp Guaikinima : 8 años transformando la vida de mis hijas, este blog como una carta abierta de agradecimiento y amor por ellos.

Como mamá, hay decisiones que con el tiempo entiendes que cambiaron el rumbo de tus hijos. Para nuestra familia, una de ellas fue descubrir Camp Guaikinima.
Hace nueve años conocimos el campamento cuando mis hijas participaron en el Day Camp, primero en Key Biscayne y luego en Southwest Ranches. Fue allí donde conocimos a los guías, entendimos la filosofía del programa y tuvimos la oportunidad de conocer a Raymond, su director, e Isa, quien lidera toda la parte administrativa.
Desde el primer día sentimos que no era un campamento cualquiera. Había algo diferente en la manera en que trataban a los niños, en los valores que transmitían y en el amor con el que hacían su trabajo.
Un año después tomamos una decisión que, como cualquier padre, nos llenaba de ilusión y también de nervios: enviarlas por primera vez al Sleepaway Camp.
Primero fueron Isabela y Sabrina. Tres años después se unió Micaela.
Y así, sin darnos cuenta, Camp Guaikinima se convirtió en parte de la historia de nuestra familia.

Ocho veranos llenos de aventuras
Este verano fueron Sabrina y Micaela quienes disfrutaron de tres semanas inolvidables rodeadas de naturaleza.
Las fotografías hablan por sí solas: Amigos, caminatas, fogatas, sonrisas y una libertad que hoy resulta difícil encontrar.
Pero lo más valioso no aparece en las fotos.
Lo más importante sucede por dentro.
Cada año regresan más independientes, más seguras de sí mismas, con nuevos amigos y con historias que parecen no terminar nunca.
En un mundo donde nuestros hijos viven rodeados de celulares, videojuegos, redes sociales y pantallas, regalarles varias semanas completamente desconectados de la tecnología ha sido uno de los mayores regalos que hemos podido hacerles.
Hace unos días mi hija me dijo algo que me hizo sonreír:
“Mamá, lo que más extraño es acostarme a mirar las estrellas con mis amigos.”
Y pensé que justamente eso es lo que hace especial un lugar como Camp Guaikinima.
Les devuelve el tiempo.
Les devuelve la conversación.
Les devuelve la naturaleza.
Les devuelve la capacidad de maravillarse con cosas simples.

Mucho más que un campamento de verano
Cuando la gente piensa en un campamento de verano suele imaginar deportes, excursiones y actividades al aire libre.
Y sí, todo eso sucede.
Pero para mí, el verdadero valor está en todo lo que ocurre mientras ellos creen que simplemente están divirtiéndose.
Aprenden liderazgo.
Aprenden trabajo en equipo.
Aprenden convivencia.
Aprenden resiliencia.
Aprenden a resolver conflictos.
Aprenden a asumir responsabilidades.
Aprenden a cuidar de otros.
Aprenden a cuidar de sí mismos.
Y quizás lo más importante: descubren que pueden hacer mucho más de lo que imaginaban.
Eso no se enseña en un salón de clases.

Una experiencia que también abre puertas para el futuro
Mi hija mayor ya terminó su recorrido dentro del campamento.
Después de muchos años como participante, se graduó como Counselor in Training (CIT) y posteriormente tuvo la oportunidad de trabajar como guía del campamento.
Fue una experiencia que disfrutó profundamente y que, además, fortaleció su hoja de vida.
Trabajar con niños, liderar grupos, resolver conflictos, seguir protocolos y asumir responsabilidades son habilidades que hoy las universidades y las empresas valoran enormemente.
Más allá de un verano divertido, Camp Guaikinima también fue una escuela de liderazgo.

Gracias por ayudarnos a formar a nuestras hijas
Este artículo no nace de una colaboración.
Nace desde el corazón.
Es una carta abierta de agradecimiento a Raymond, a Isa y a todo el equipo de Camp Guaikinima.
Gracias por cuidar de nuestras hijas durante todos estos años.
Gracias por enseñarles a amar la naturaleza.
Gracias por demostrarles que los mejores recuerdos no necesitan Wi-Fi.
Gracias por ayudarlas a convertirse en mujeres más fuertes, más independientes y más conscientes.
Como mamá, puedo decir que Camp Guaikinima ha sido parte de su formación tanto como el colegio, el deporte o cualquier otra actividad que hayan realizado.
Y ese es un regalo que llevarán con ellas toda la vida.
Si eres padre o madre y estás buscando una experiencia que realmente deje huella en tus hijos, ojalá tengan la oportunidad de vivir algo como esto.
Nosotros, después de ocho años, volveríamos a tomar la misma decisión una y otra vez.
Porque algunos veranos se olvidan.
Pero hay otros que forman personas.
Y para nuestras hijas, esos veranos siempre tendrán un mismo nombre: